El juego del solitario: Cómo lanzar microseguros tras el terremoto
AIC, la única compañía que ofrece microseguros en Haití, se enfrenta a enormes retos. Su camino puede servir de senda para otras empresas de la región. Por Raimundo Díaz / Especial MicAméricas.
Haití es devastación. De todo y todos. La industria aseguradora, por ejemplo, sufre una doble catástrofe humanitaria: por un lado, las consecuencias del terremoto sobre la vida de las personas, empresas y bienes; por el otro, debe indemnizar a clientes tan devastados moral y económicamente como necesitados. Con todo, hablar de “industria de seguros” en Haití es un eufemismo para el juego del solitario: AIC, la única empresa de seguros con operaciones en el país, tiene todas las cartas para sí pero no sabe bien qué viene.
Los microseguros surgieron en Haití en 2007, de la mano de la mayor microfinanciera del país, Fonkoze, en colaboración con una compañía de seguros tradicional, AIC. Los primeros productos fueron un seguro de vida de corto plazo y otro de funerales, voluntario, que cubre los gastos de sepelio.
El lanzamiento supuso varios retos para AIC, la promotora, pues apenas 2,5% de los ocho millones de habitantes de Haití tenía algún acceso a seguro antes del terremoto. La ausencia de una cultura de la prevención de riesgo en una economía altamente informal, la inexistencia de legislación sobre seguros no ayudaban a su proyecto. Tampoco que muchos pobres no tengan cédulas de identificación, ausencia que les impedía acceder a servicios financieros.
En menos de un minuto
Sin embargo, antes del 12 de enero, todo parecía ir viento en popa. AIC había trabajado largamente en educación financiera junto a varias asociaciones humanitarias y Fonkoze había creado y distribuido entre sus clientes una tarjeta de identificación que suplía la falta de documentos. Al cabo, entre 45.000 y 50.000 clientes habían contratado un microseguro de AIC dependiente de un microcrédito de Fonkoze. Nada mal en el contexto de una nación pobre.
